Toda la familia recibió a Cristo
Escuchar |
Bajar Testimonio dado 13 de marzo 2005
Buenos días, hermanos, bendiciones a todos. Dimos un viaje al pueblo con mi esposa y nos regresamos temprano, como al mediodía, pero nosotros sentimos que dejamos algo pendiente en el pueblo.
Y nos visitaron los hermanos Roald y la hermana Berta en la casa y les empezamos a comentar, como que algo nos dice, principalmente a mi esposa porque es la que más lo presentía, que dejáramos algo pendiente en el pueblo, en la familia de allá, porque había muy humildes y muy necesitados de Dios. Y todo se nos dio así de repentino, ¿si? Empezamos a planear con el hermano Roa, mañana vamos en la camioneta y todo eso y así y así... y de repente, bum, vamos ahorita, eran como las seis y media de la tarde, ¿si? Y hablé a mi trabajo, me autorizaron, me dieron el permiso, cosa que nunca me dan un permiso así repentino y fin de semana, y nos fuimos al pueblo a predicar, el hermano Roa, gracias a él y al Señor que nos lo puso en el camino.
Se reunieron mis papás, su papás de ella y sus hermanos y el hermano Roa les empezó a dar palabra de Dios y les empezamos a contar como nos pasamos a nuestra historia. Grande fue nuestra sorpresa que nosotros íbamos pensando que fuimos a darles palabras a ellos, grande fue nuestra sorpresa que todos, toda la familia recibió a Cristo. Todas, desde el más grande hasta el más pequeño. Y la verdad, le estoy muy agradecido al Señor porque yo llevaba una semana orando por mi madre y mi padre que Dios les hiciera ver que aceptaran a Cristo porque yo no me gustaría verlos perdidos como yo estuve un tiempo.
Estamos sentados practicando con el hermano Roa y de repente mi mamá inclinó la cabeza, cosa que yo estoy acostumbrado a jugar con mi mamá. Me acerco y le pellizco la nariz. Me acerqué y le digo a ella: “Sabes que, acércate con mamá porque y la pellizcas porque se está durmiendo”, le digo, para que escuche. Pero no era eso, mi mamá ya se sentía mal, ella sentía algo dentro de ella. Me acerqué y le dije: “¿Mamá, te sientes mal, o sea, te estabas durmiendo?”, le digo. “No, hijo, me siento mal”. “¿Pero por qué mamá, por qué te sientes mal?” Se acercó a Roa, el hermano Roa, y le preguntó: “¿Señora a usted le gustaría recibir al Señor en su corazón, está dispuesta usted a recibir al Señor?” “Si, estoy dispuesta”, dijo. Y ella fue la primera que recibió a Cristo en ese momento.
El Señor me escuchó y esto es un regalo para mi de parte del Señor porque miren, mi papá es una persona muy incrédula, muy idólatra, tiene su altar lleno de ídolos, le juro que, hermanos, yo del que menos lo pensaba era de mi papá. Cuando vio a mi madre recibir a Cristo, el Señor, el hermano Roa le dijo a los compañeros: Ustedes están dispuestos... empezó a preguntar y todos dijeron que si. Todos, hasta los más rebeldes de los varones de mi cuñado. Bendito sea Dios, hermanos. El último fue mi padre. “¿Usted señor está dispuesto a recibir a Cristo?” “Si”. No se imaginan que felicidad fue en mi. Así es. [COMENTARIOS(1)]